
Antiguamente se decía que un simio macaco podía cruzarse el territorio español sin poner ni una sola vez el pie en tierra. Pues bien: hoy en día, en el hipotético caso de que ese simpático chimpa tuviera el carnet B, condujese e hiciera el mismo trayecto aunque esquivando las grandes ciudades, podéis jurar por la salud de vuestros nietos que podría hacerlo
sin encontrar un puto sitio donde aparcar. Digo más: antes conducirán los simios, que en los pueblos se pueda parar o estacionar a gusto. Y os preguntaréis igual que yo: ¿a qué se debe esa malquista querencia de los rurales seres a colocar a las puertas de su casa un vado que para nada sirve ni a nadie ayuda? Es ése un misterio que nunca dejará de arrobarme; aunque también, y para descarga de mi conciencia de pensador, he de añadir que a lo largo de las estaciones y los años he acabado por dar cuerpo a un conjunto de hipótesis que, si bien individualmente no acaban de satisfacerme, en su conjunto, y como corpus, sí que ayudan un poquito a comprender a ese pedazo de hijo de puta que es el hombre de campo con vado que lustrar y embellecer. Enumerémoslas pues:
1: ODIO AL FRANCÉS. ¿Que vienen de fuera a robarnos a las mozas? Pues que se jodan, y aparquen en el quinto coño.
2. SI EL ALCALDE LO TIENE, YO TAMBIÉN. De ese modo, y fundamentándonos en la milenaria costumbre rural de ser siempre más y mejor que el de al lado, la instalación del primer vado habría dado paso a la de un segundo, éste a la de un tercero, y así hasta cubrir la totalidad de un municipio.
3. SI LOS DEL PUEBLO DE AL LADO LO TIENEN, NOSOTROS TAMBIÉN. Continuación lógica del argumento anterior: una vez petado de vados un pueblo, los de el de al lado, corroídos de envidia, predican con el ejemplo, provocando con ello la reacción de un tercer pueblo, éste la de un cuarto, y así hasta cubirse todo el territorio nacional en una orgía de soberbia, crimen y miseria.
4. PARA QUE RONDEN A MI HIJA EN CONDICIONES. Es decir, que cuando los mozos casaderos vengan con sus tamboriles, zambombas, flautines y demás instumentos tan propios de los agrestes -y de Amparanoia- con el único objeto de cantarle rondallas a mi hija, pueda estamparles un pedrazo sin arañar mi Audi, ese Audi que tanto sacrificio me costó comprar y que es al villano de hoy en día lo que la boina fue antaño (ver hipótesis 2 y 3).
5. PUERTAS ADENTRO SE PRACTICAN AQUELARRES. ¿Qué? ¿No véis Cuarto Milenio?
6. POR SI ACASO. Así es la gente de pueblo: como los abuelos.
7. PARA QUE PUEDAN PASAR LOS CAMIONES, Y NOSOTROS VERLO. ¿Hay algo que distraiga más a un gañán que hacer señas a los camioneros para que no se lleven por banda los balcones?
8. PARA PUTEAR A ALEJANDRO MARTÍ SANCHO, POR SI VIENE. ¿Quién no lo ha pensado alguna vez?
Resumiendo: que sea por lo que sea, se merecen lo peor y así se lo deseo. Mal día aquel en que España entró en la Unión Europea, y peor todavía el que los comisarios continentales empezaron a dar ayudas al campo. Desde entonces, aquel mal que era el vado permanente puso la primera piedra de su perpetuidad, y la misericordia, la caridad y la bonhomía murieron de una vez para siempre allende las puertas de nuestras ciudades. Si el que esto escribe tuviera alguna capacidad de decisión en los asuntos públicos en vez de ser un mindundi, no lo dudaría un solo segundo: cada vez que viniérais, aldeanos, a atufar con vuestro olor a burro nuestros colmados y Cortes Ingleses, os recibiría a cañonazos, para que le fuérais con el cuento a vuestros vecinos, volviérais suplicando de rodillas, y así, acuclillados como ovejas, haceros desfilar por nuestras urbes mientras la gente de bien, urbana y cosmopolita, os lanza truños desde los balcones, se ríe de vuestras costumbres y desflora alegremente a vuestras hijas, con interminables muestras de gozo, mirar sabio e ilustrado y al siempre burlesco y descarnado grito de
¡Qué rabia da!